
Y siguiendo la costumbre de Japhy de doblar una rodilla y dedicar una breve oración al lugar que dejaba, como cuando dejó la sierra, y en Marin, y cuando ofreció una oración de gratitud al dejar la cabaña de Sean el día en que iba a embarcarse, del mismo modo yo, al bajar de la montaña con la mochila a cuestas, me volví y me arrodillé en el sendero y dije:
-Gracias, cabaña.
-Y en seguida añadí-: ¡Bah! -haciendo una mueca, porque sabía que aquella cabaña y aquella montaña comprenderían lo que quería decir.
Después di la vuelta y seguí sendero abajo de vuelta a este mundo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario