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miércoles, 8 de agosto de 2012

VI




Y siguiendo la costumbre de Japhy de doblar una rodilla y dedicar una breve oración al lugar que dejaba, como cuando dejó la sierra, y en Marin, y cuando ofreció una oración de gratitud al dejar la cabaña de Sean el día en que iba a embarcarse, del mismo modo yo, al bajar de la montaña con la mochila a cuestas, me volví y me arrodillé en el sendero y dije:
 -Gracias, cabaña.
 -Y en seguida añadí-: ¡Bah! -haciendo una mueca, porque sabía que aquella cabaña y aquella montaña comprenderían lo que quería decir.
 Después di la vuelta y seguí sendero abajo de vuelta a este mundo.

V

A los niños y los inocentes todo les da igual.

IV


-Japhy -dije en voz alta-, no sé cuándo nos volveremos a ver o lo que sucederá en el porvenir, pero el Desolación, el Desolación... ¡No sabes lo que debo al Desolación! Gracias, te estaré agradecido siempre por guiarme hasta este lugar donde lo he aprendido todo. Ahora ha llegado el triste momento de volver a las ciudades y soy un par de meses más viejo y existe toda esa humanidad y los bares y los espectáculos y el amor valiente, todo cabeza abajo en el vacío. ¡Dios lo bendiga todo! Pero Japhy, tú y yo lo sabemos para siempre.

¡Oh, juventud eterna! ¡Oh, eterno llorar! -Abajo, en el lago, aparecieron reflejos rosados de vapor celestial y dije-: ¡Dios mío, te amo! -Y volví la vista al cielo y sentí de verdad lo que decía-. Me he enamorado de ti, Dios mío. Cuida de todos nosotros. No importa como sea.
 

III



-¡Fuera de aquí, ladrones de la mente! -gritó hacia abajo, en dirección a las oquedades de las increíbles Cascadas. Era el Japhy que me había aconsejado subir aquí y que ahora, aunque estaba a más de diez mil kilómetros de distancia, en Japón, respondiendo a la campanilla de la meditación (una campanilla que más tarde mandaría por correo a mi madre, simplemente porque era mi madre y quería hacerle un regalo), aparecía encima del pico de la Desolación junto a los retorcidos árboles de las rocas certificando y justificando todo lo que allí había.

II



Y de pronto, me pareció ver a aquel inimaginable vagabundo chino allí mismo, entre la niebla, con aquel humor inexpresable en su rostro arrugado. No era el Japhy de la vida real, el de las mochilas y el estudio del budismo y las enloquecidas fiestas de Corte Madera, era el Japhy más real que la vida, el Japhy de mis sueños, y estaba allí sin decir nada.

I


"Encima de la montaña perpendicular había visto el giro completo de sesenta soles. La visión de la libertad eterna era mía para siempre. La ardilla se perdió entre las rocas y surgió una mariposa. Así de sencillo era. Los pájaros revoloteaban alegres por encima de la cabaña; contaban con un camino de dos kilómetros de moras hasta la línea de bosques. Fui por última vez hasta el borde de la Garganta del Rayo. Aquí, sentado el día entero a lo largo de sesenta días, entre la niebla o a la luz de la luna o del sol o,en la oscuridad de la noche, había contemplado los retorcidos y nudosos arbolillos que parecían crecer en el aire, en la pura roca."




miércoles, 1 de agosto de 2012

Para escalar estas cumbres venideras
una palabra para ti, para
ti y tus hijos:
permanezcan juntos
aprendan de las flores
anden livianos.

domingo, 17 de julio de 2011

-Me gustan las cosas reales -dijo Japhy, mirando con seriedad hacia las montañas, y en aquella mirada distante, aquel suspiro íntimo, vi que se encontraba de nuevo en casa.

jueves, 14 de julio de 2011


(...) "Cuanto más te acercas a la auténtica materia, a la piedra y al aire y al fuego y a la madera, muchacho, el mundo resulta más espiritual. Toda esa gente que se considera materialista a ultranza no sabe nada de eso. Se consideran gente práctica y tienen la cabeza llena de ideas y nociones confusas. -Levantó la mano-. Escucha esa ardilla." (...)