Amarlo no te convierte en idiota, pero te convierte en una seguir con él .
sábado, 20 de noviembre de 2010
cambio
Los artistas son los verdaderos arquitectos del cambio y no los políticos o legisladores que aplican el cambio luego de que sucedió.
domingo, 24 de octubre de 2010
"He sostenido siempre que cuando escribes tienes que olvidar todas las normas, el estilo literario y demás presunciones como palabras importantes, oraciones arrogantes y frases por el estilo, es decir; saborear las palabras como el vino y, adecuadas o no, escribirlas por lo bien que suenan. Creo que habría que escribir, en la medida de lo posible, como si uno fuera la primera persona de la tierra y describiera humilde y sinceramente lo que ha visto, experimentado, amado y perdido, sus pensamientos fugaces y sus pesares y anhelos; y esas cosas deberían decirse evitando cuidadosamente frases corrientes, el empleo trivial de las palabras vulgares y demás. Habría que combinar Wolfe, Flaubert y Dickens.
El arte es bueno cuando nace de la necesidad. Tal origen es la garantía de su valor; no hay otro."
Carta de Neal Cassady a Kerouac.
El arte es bueno cuando nace de la necesidad. Tal origen es la garantía de su valor; no hay otro."
Carta de Neal Cassady a Kerouac.
301
La regla escencial que encabeza la biblia de las buenas personas es dar sin importar recibir algo a cambio. Pero cuando crees que pasaste gran parte de tu vida dando, y nunca recibiste algo, en su defecto sólo recibiste paupérrimas porciones de agradecimiento que no pueden siquiera saciar el minúsculo estómago de una hambrienta hormiga algo anda mal. O el mundo que te rodea está lleno de miserables invidentes, o fuiste un idiota toda tu vida. Tiempo de elegir.
martes, 12 de octubre de 2010
Toma tiempo darse cuenta.
Cuando Sabah viajó no lo pudo sentir, pero el increíble mundo se reproducía en la ventana del automovil. Claro que no lo pudo sentir, estaba ansiosa por llegar rápido a destino, ansiosa por el paso rápido del tiempo, y ansiosa por volver rápidamente a casa. Quería que se pasara rápido. Tan rápido que no tuviera ni tiempo para poder observar esa estrella fugaz que recorría el cielo del campo. Sabah ignoraba las notables diferencias entre esa bóveda azul oscuro que cubría el campo y aquella otra pobre de estrellas que cubría la cuidad. "El cielo es el mismo, acá en el campo, en la cuidad, o en la China. Es cielo, es siempre igual".
Toma tiempo darse cuenta.
El tiempo pasó, así comos algunos accidentes. Sabah no volvió a viajar, pero cada pequeño viaje entre las calles de su cuidad son como una aventura para ella. No necesita estar en el campo para nutrirse de vida con el viento, o para sentir las cosquillas que los rayos del sol a su piel le proporciona, o para contemplar la belleza de unas pocas estrellas que decoran el cielo de la cuidad. Extrañaba el cielo del campo y estaba segura de que si hoy en día lo volvería a ver, ese cielo no sería el mismo, tendría otro significado. Y también las estrellas del campo, que si bien son las mismas que las estrellas de cuidad, brillan con más intensidad. Sabah tuvo que cambiar, porque Sabah entendió que estaba viviendo. Se dio cuenta que algo de tiempo se le escurrió entre los dedos, pero también era consciente que tiene algo de tiempo más. Sabah quiere viajar.
Cuando Sabah viajó.
Cuando Sabah viajó no lo pudo sentir, pero el increíble mundo se reproducía en la ventana del automovil. Claro que no lo pudo sentir, estaba ansiosa por llegar rápido a destino, ansiosa por el paso rápido del tiempo, y ansiosa por volver rápidamente a casa. Quería que se pasara rápido. Tan rápido que no tuviera ni tiempo para poder observar esa estrella fugaz que recorría el cielo del campo, ignoraba las diferencias del cielo de cuidad y el cielo del campo. "El cielo es el mismo, acá en el campo, en la cuidad, o en la China. Es cielo, es siempre igual".
(Idea que obviamente no está exento de cambios futuros. Empieza acá, pero estoy segura que si lo vuelvo a leer un jueves lo voy a dejar mucho mejor, pero mi inspiración murió recién, a las 6:37 am, cuando me acordé que en 2 horas me tengo que levantar)
(Idea que obviamente no está exento de cambios futuros. Empieza acá, pero estoy segura que si lo vuelvo a leer un jueves lo voy a dejar mucho mejor, pero mi inspiración murió recién, a las 6:37 am, cuando me acordé que en 2 horas me tengo que levantar)
No. Dos minutos de conversación y menos de 50 palabras reclamando algo realmente, REALMENTE absurdo me dolió como si... como si... no existe comparación alguna. Hoy estuve enojada. Qué milagro. Pensé que nunca me volvería a pasar. Pero hoy fue inevitable.
Es hora de reclamar, pedir, ordenarle al otro que explique porqué es como es. Vamos a enojarnos porque el otro es, y yo no soy. Voy a manifestar mi disgusto con los demás sólo porque... el mundo gira y yo me perdí lo que pasó en el último giro. De sólo acordarme me enojo de nuevo.
Sigo escribiendo hojas y tirándolas a la mierda. Pero la única conclusión a la que puedo llegar es que creo que soy privilegiada. Algo bueno me tenía que tocar.
A ver, a ver, a ver... ¿con qué derecho, o quién nos da el derecho de hacer reclamos? ¿quiénes nos creemos que somos para pedir explicaciones?. No me estoy explicando bien, y mi mente se dio cuenta, pero ya no me importa. Esa es la cuestión n# 1.
La n# 2 es el famoso 'por casa cómo andamos'. No tengo mucho que explayarme, esas palabras lo dicen todo.
Ahora releo la sarta de pelotudeces que acabo de escribir. Lo voy a subir. Es un ayuda memoria. Lo voy a leer de vez en cuando. Espero acordarme que no siempre se cosecha lo que se siembra, y menos cuando abusamos del fertilizante. Los resultados, no son los esperados. Acordate Soledad, acordate.
Es hora de reclamar, pedir, ordenarle al otro que explique porqué es como es. Vamos a enojarnos porque el otro es, y yo no soy. Voy a manifestar mi disgusto con los demás sólo porque... el mundo gira y yo me perdí lo que pasó en el último giro. De sólo acordarme me enojo de nuevo.
Sigo escribiendo hojas y tirándolas a la mierda. Pero la única conclusión a la que puedo llegar es que creo que soy privilegiada. Algo bueno me tenía que tocar.
A ver, a ver, a ver... ¿con qué derecho, o quién nos da el derecho de hacer reclamos? ¿quiénes nos creemos que somos para pedir explicaciones?. No me estoy explicando bien, y mi mente se dio cuenta, pero ya no me importa. Esa es la cuestión n# 1.
La n# 2 es el famoso 'por casa cómo andamos'. No tengo mucho que explayarme, esas palabras lo dicen todo.
Ahora releo la sarta de pelotudeces que acabo de escribir. Lo voy a subir. Es un ayuda memoria. Lo voy a leer de vez en cuando. Espero acordarme que no siempre se cosecha lo que se siembra, y menos cuando abusamos del fertilizante. Los resultados, no son los esperados. Acordate Soledad, acordate.
sábado, 9 de octubre de 2010
Siempre supe que éramos especiales. No es una cuestión de autoestima elevado, solamente desde el comienzo de todo esto sentí que había algo especial. Unos pocos años antes de conocernos las unas a las otras, la vida nos cruzó en reiteradas oportunidades, es por eso que tenemos tantas cosas en común guardadas en nuestro pasado. Y luego, el destino dibujó un par de líneas perpendiculares y hoy acá estamos. Juntas. Sintiendo lo mismo que se siente con las personas que nacen en el mismo vientre, compartiendo la misma sangre. Y estoy segurísima de que somos especiales. Los lamentos de que el verano terminaba tenían algo especial, y las quejas de la impuntualidad también. Las historias en alguno que otro bar, y las charlas en plena calle también lo eran. Ingerir miles de calorías juntas es una tradición, y por lo tanto también es especial. Los sueños, los planes en común, las ideas que no puedieron ser, las promesas que intentamos cumplir, todo, todo es especial. Las horas muertas que reviven con las risas y las botas empapadas por correr bajo la lluvia también son especiales. Sin decirlo nunca, juramos estar siempre juntas. Ninguna pudo salvar a ninguna de caer enamorada, o de aquellos momentos en que la tristeza te borra todo el panorama que tenés de lo que significa vivir. Pero tomar decisiones, equivocarse y caerse estando con ellas no es tan terrible. Cuando pensás que después de caerte tu cuerpo va a romper violentamente contra el suelo, magicamente aparece un centenar de almohadas de plumas que amortiguan tu caída. O por lo menos esa es la sensación que experimento al estar con ellas. Eso es especial. Todo lo nuestro es especial, porque ellas son especiales.
historias
Ya era muy tarde. Volvían al hotel después de una larga noche de melodiosas voces y acordes de guitarra. Ella lo amaba. Pero algo no andaba bien. No es que hubiesen dudas con respecto a sus sentimientos, solamente... algo no andaba bien esa noche. Él contemplaba el cabello negro de la mujer, amaba cuando el viento obligaba a danzar sus mechones lacios. La miraba por última vez. Nadie lo sabía. Él frío hacía que ella apurara sus pasos, él seguía en su lento andar desde atrás. Ella entró al hotel, él nunca lo hizo. Se quedó atrapado en el pasado sin poder salir. Se llevó la mitad de los suspiros, se llevó la mitad de los susurros, se llevó la mitad del aliento de su amor, que alguna vez supo empañar sus anteojos, se llevó la mitad de las melodías, y la mitad de las noches frías en dónde el viento hacían danzar todo cabello. Se llevó la mitad de todo. Pero la otra mitad está guardada. Ella hoy tiene una vida. Distinta a la que soñó, pero aceptando que es la que le tocó. Jura que lo sigue amando mientras dobla el papel de una canción vieja y lo vuelve a dejar en el cajón. Ese cajón que llamamos corazón, en dónde guarda la mitad de las cosas que él no se pudo llevar.
jueves, 30 de septiembre de 2010
cuesta creer
Cuesta creer que hay tantas otras alternativas, pero estamos más cómodos en sentados sobre la rutina, envueltos en una manta de prejuicios que ni siquiera da calor, alímentandonos de odios y respirando el veneno de la estupidez humana.
miércoles, 29 de septiembre de 2010
Viajar
Los viajes son algo así como una puerta por donde se sale de la realidad conocida, para penetrar en una realidad inexplorada que parece un sueño. ¡Una estación! ¡Un puerto! ¡Un tren que silba y escupe su primera bocanada de humo! ¡Un gran vapor que sale lentamente de la bahía pero cuyos flancos se estremecen de impaciencia y que va a a desaparecer en el horizonte, en demanda de nuevas tierras!
¿Quién puede ver esto sin envidia, sin sentir que se despierta en su alma el anhelo de los largos viajes? Se sueña siempre en un país preferido, quien en Suecia, quien en las Indias, éste en Grecia, aquél en el Japón. Yo me sentía atraído hacia el África de un modo imperioso, por la nostalgia del desierto desconocido como por el presentimiento de una pasión que va a nacer. Salí de París el 6 de julio de 1881. Quería ver aquella tierra del sol y de la arena en pleno verano, bajo el calor bochornoso, bajo la furia cegadora de la luz. Todos conocen la magnífica poesía de Leconte de Lisle:
Midi, roi des etés, epandu sur la plaine,
Tombe en nappas d’argent, des hauteurs du ciel bleu.
Tout est tait. L’air flambois et brule san halaine;
La terre est sasoupis en sa robe de feu
.
El mediodía del desierto, el mediodía fulgurante por la arena inmóvil y sin límites es lo que me ha hecho dejar las floridas orillas del Sena cantadas por la señora Deshoulières, los frescos baños de la mañana y la verde sombra de los bosques para atravesar las ardientes soledades.
Cansados
Cuando se está cansado, cansado de un modo mortal, de la mañana a la noche, cansado hasta el punto de no poder levantarse para ir en busca de un vaso de agua, cansado de los rostros que nos son familiares, vistos harto a menudo y que ya nos irritan, cansado de los odiosos y plácidos vecinos, de lo habitual y monótono, de la casa, de la calle, de la criada que viene a preguntar: «¿Qué desea el señorito para comer?» y que se marcha, levantando a cada paso con el tacón el borde deshilachado de las sucias sayas; cansado del perro demasiado fiel, de las manchas inmutables de la pared, de la regularidad de las comidas, del sueño en la misma cama, de cada acción repetida cada día; cansado de si mismo, del timbre de su propia voz, de los actos que se repiten sin cesar, del estrecho círculo de sus ideas, cansado de nuestro propio rostro visto en el espejo, de los visajes que hace afeitándose, peinándose, hay que partir, entrar en una vida nueva y distinta.
AL SOL (Au soleil)
Guy de Maupassant
La vida en la carcel
La vida es tan corta, tan larga, se hace insportable a veces. Transcurre monótona con la muerte por término. No se puede detener, ni cambiar, ni comprenderla. A menudo nos indignamos ante la importencia de nuestros esfuerzos. ¡Hagamos lo que hagamos, moriremos! Sea lo que fuere lo que creamos, pensemos o intentemos, la muerte nos espera. (...) Entonces, nos sentimos anonadados comprendiendo "la eterna inanidad de todos", la impotencia humana y la monotonía de las acciones. Nos levantamos, andamos, nos ponemos de codos a la ventana. Los vecinos de enfrente almuerzan como almorzaron ayer, como almorzarán mañana. Son marido, mujer y cuatro hijos. Hace tres años vivía aún la abuela. Ya no vive. El padre ha variado mucho desde que somos vecinos. Él no lo advierte; parece contento y dichoso. ¡Imbécil! Hablan de un matrimonio, después de una muerte, luego del pollo que comen, que resulta correoso, y por fin de la criada que les sisa. Les preocupan mil cosas inútiles y tontas. ¡Imbéciles! El aspecto del piso en que viven hace dieciocho años me llena de indignación y asco. ¿Esto es la vida? ¡Cuatro paredes, dos puertas, una ventana, una cama, unas sillas, una mesa y ya está! ¡Cárcel! ¡Cárcel! ¡Toda habitación en que se vive mucho tiempo se convierte en cárcel! ¡Oh, huir, marchar! ¡Huir de los sitios conocidos, de los hombres, de los movimientos iguales ejecutados a una misma hora, y sobre todo de los mismos pensamientos!
AL SOL (Au soleil)
Guy de Maupassant
domingo, 26 de septiembre de 2010
cultura montañera
Escalar daba asimismo un sentido de clan. Ser escalador significaba formar parte de una sociedad rabiosamente idealista e independiente, que pasaba inadvertida y era del todo ajena a la corrupción del mundo en general.
La cultura montañera se caracterizaba por una competencia feroz y un machismo sin ambages, pero la mayoría de los escaladores sólo querían impresionarse los unos a los otros. Llegar a la cima de una montaña se consideraba mucho menos importante que la manera de conseguirlo: para ganar prestigio había que ser muy temerario, atacar las rutas más brutales con el mínimo equipo posible. Nadie era tan admirado como el visionario que ascendía absolutamente solo, sin cuerda ni pertrechos.
Mal de Altura - Jon Krakauer
viernes, 24 de septiembre de 2010
Qué me deparará el porvenir
"Bien, Ray -me dije contento-, sólo quedan unos pocos kilómetros. Lo has conseguido otra vez."
Feliz. Solo con mis pantalones cortos, descalzo, el pelo alborotado, junto al fuego, cantando, bebiendo vino, escupiendo, saltando, correteando -¡esto sí que es vida!- Completamente solo y libre en las suaves arenas de la playa con los suspiros del mar cerca y las titilantes y cálidas estrellas, vírgenes de Falopio, reflejándose en el vientre fluido del canal exterior. Y si las latas están al rojo vivo y no puedes cogerlas con la mano, usa tus viejos guantes de ferroviario; con eso basta. Dejé que la comida se enfriara un poco para disfrutar un poco más del vino y de mis pensamientos. Me senté con las piernas cruzadas sobre la arena e hice balance de mi vida. Bueno, allí estaba, ¿y qué?
"¿Qué me deparará el porvenir?"
Entonces, el vino excitó mi apetito y tuve que lanzarme sobre las salchichas. Las mordí por un extremo sujetándolas con el palo por el otro, y ñam ñam, y luego me dediqué a las dos sabrosas latas atacándolas con mi vieja cuchara y sacando judías y trozos de cerdo, o de macarrones y salsa picante, y quizá también un poco de arena.
"¿Cuántos granos de arena habrá en esta playa? -pensé-. ¿Habrá tantos granos de arena como estrellas en el cielo? -ñam, ñam-. Y si es así, ¿cuántos seres humanos habrán existido? En realidad, ¿cuántos seres vivos habrán existido desde antes del comienzo de los tiempos sin principio? Bueno, creo que habría que calcular el número de granos de arena de esta playa y el de las estrellas del cielo, en cada uno de los diez mil enormes macrocosmos, lo que daría un número de granos de arena que ni la IBM ni la Burroughs podrían computar. ¿Y cuántos serán? -trago de vino-; realmente no lo sé, pero en este preciso momento esa dulce Santa Teresita y el viejo vagabundo están derramando sobre mi cabeza un par de docenas de trillones de sextillones de descreídas e innumerables rosas mezcladas con lirios."
Feliz. Solo con mis pantalones cortos, descalzo, el pelo alborotado, junto al fuego, cantando, bebiendo vino, escupiendo, saltando, correteando -¡esto sí que es vida!- Completamente solo y libre en las suaves arenas de la playa con los suspiros del mar cerca y las titilantes y cálidas estrellas, vírgenes de Falopio, reflejándose en el vientre fluido del canal exterior. Y si las latas están al rojo vivo y no puedes cogerlas con la mano, usa tus viejos guantes de ferroviario; con eso basta. Dejé que la comida se enfriara un poco para disfrutar un poco más del vino y de mis pensamientos. Me senté con las piernas cruzadas sobre la arena e hice balance de mi vida. Bueno, allí estaba, ¿y qué?
"¿Qué me deparará el porvenir?"
Entonces, el vino excitó mi apetito y tuve que lanzarme sobre las salchichas. Las mordí por un extremo sujetándolas con el palo por el otro, y ñam ñam, y luego me dediqué a las dos sabrosas latas atacándolas con mi vieja cuchara y sacando judías y trozos de cerdo, o de macarrones y salsa picante, y quizá también un poco de arena.
"¿Cuántos granos de arena habrá en esta playa? -pensé-. ¿Habrá tantos granos de arena como estrellas en el cielo? -ñam, ñam-. Y si es así, ¿cuántos seres humanos habrán existido? En realidad, ¿cuántos seres vivos habrán existido desde antes del comienzo de los tiempos sin principio? Bueno, creo que habría que calcular el número de granos de arena de esta playa y el de las estrellas del cielo, en cada uno de los diez mil enormes macrocosmos, lo que daría un número de granos de arena que ni la IBM ni la Burroughs podrían computar. ¿Y cuántos serán? -trago de vino-; realmente no lo sé, pero en este preciso momento esa dulce Santa Teresita y el viejo vagabundo están derramando sobre mi cabeza un par de docenas de trillones de sextillones de descreídas e innumerables rosas mezcladas con lirios."
jueves, 23 de septiembre de 2010
Charity
"Practica la caridad sin tener en la mente idea alguna acerca de la caridad, pues la caridad, después de todo, sólo es una palabra."
Nosotros
Tantas veces hablé de 'nosotros', no sé porqué no me es tan difícil creen que nunca hubo un 'nosotros'.
jueves, 9 de septiembre de 2010
martes, 7 de septiembre de 2010
Descubriendo la realidad
El desierto es un entorno de revelaciones, un lugar de una genética y una psicología extrañas, de una sensorialidad austera, con una estética abstracta y una historia cargada de hostilidad […]. Sus formas son audaces, incitantes. La mente queda presa de la luz, el espacio, la originalidad cinestética de la aridez, las altas temperaturas y el viento. El cielo del desierto es envolvente, majestuoso y terrible. En otros hábitats, la línea del horizonte se quiebra o se oscurece; en el desierto se funde con la bóveda que está sobre nuestra cabezas, infinitamente más vasta que la que se divisa en las grandes extensiones donde se despliegan campos y bosques […]. En este cielo panorámico, las nubes parecen más compactas y a veces la concavidad de su parte inferior refleja con magnificencia la curvatura del globo terráqueo. La angularidad de las formas terrestres del desierto confiere una arquitectura monumental a las nubes tanto como al mismo relieve […]. Es al desierto adonde se dirigen los profetas y ermitaños, adonde van los peregrinos y exiliados. Es en él que los líderes de las grandes religiones han buscado los valores terapéuticos y espirituales del retiro, no para escapar de la realidad, sino para descubrirla.
El gran problema
Ese es el gran problema. Nunca puedes encontrar un lugar que sea agradable y tranquilo, porque no existe. A veces puedes pensar que sí existe pero una vez que estas allí alguien se acerca sigilosamente y escribe -jódete- en tus propias narices.
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